En esta cantina se celebraban a los “muertos buenos”. Ubicado en el barrio Recoleta, 1480 cerca del cementerio General. Se comenta que después de los entierros, pasaban los deudos a terminar en esta cantina, recordando las anécdotas del difunto, durante setenta años “despeno” a sus clientes. La hija del dueño Enrique Burroni, recuerda lo siguiente: Una vez, en esos tiempos en que las carrozas fúnebres eran tiradas por caballos, el cortejo se demoro tanto en llegar al cementerio que les cerraron y no pudieron entrar la muerto. Resulta que mi papá les dio permiso para seguir aquí con el velatorio. Toda la noche estuvieron revolviéndola al lado del féretro” (Oreste Plath, el Santiago que se fue).
Hoy, esta cantina es parada obligada en la ruta de los guachacas de Santiago.



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